Innovar es estar inmerso en lo nuevo, en lo novedoso, o en la vanguardia. De hecho, la palabra innovación está compuesta etimológicamente por varias voces latinas, siendo las centrales in, “entre” o “adentro”, y novus, “nuevo”.
El Diccionario de la Real Academia Española define la innovación como “acción y efecto de innovar” o, en el ámbito más específico del comercio, como “creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado”. Además del ámbito comercial, es posible hallar este término en contextos tan variados como el tecnológico, el empresarial o el educativo.
La innovación es una constante en la historia humana. Desde los tiempos más remotos, el ser humano ha procurado crear nuevas herramientas, adquirir nuevos saberes o mejorar lo que ya tiene, aplicando en ello su ingenio y, claro está, sus más urgentes necesidades.
Este rasgo se acentuó aún más en los siglos recientes, cuando la ciencia y la razón humana le han otorgado a nuestra especie una inmensa capacidad de descubrir el funcionamiento profundo del universo y aplicarlo a la resolución de nuestros problemas cotidianos.
Características de La Innovación
A muy grandes rasgos, la innovación puede caracterizarse de la siguiente forma:
- Tiene siempre que ver con el descubrimiento o la invención de una forma nueva de hacer las cosas, o una nueva manera de comprender lo ya existente.
- Puede surgir de manera casual o accidental (por ejemplo, el descubrimiento accidental de la penicilina) o puede ser consecuencia de un esfuerzo sostenido y sistemático, o sea, de una investigación y desarrollo (por ejemplo, la energía atómica tomó décadas de ensayo teórico y experimentación).
- Se da en prácticamente todas las áreas del quehacer humano.
- Innovación cerrada. Cuando el conjunto de los innovadores pertenece a una misma organización.
- Innovación abierta. Cuando el hallazgo es fruto de la sinergia de los esfuerzos dispersos e independientes de muchos individuos pertenecientes a agrupaciones distintas.

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